Hay lugares que pasan desapercibidos en el mapa hasta que un nombre conocido los coloca de nuevo en el centro de todas las miradas. (Sí, nosotros también tuvimos que buscarlo dos veces).
Si te preguntas de dónde es exactamente el lateral de la Selección Española Marc Cucurella, la respuesta nos lleva directos a una de las villas con más solera de la costa catalana.
No hablamos de un punto masificado cualquiera. Esta localidad milenaria combina a la perfección viñedos centenarios, arquitectura modernista y una cercanía al mar que la convierte en el refugio perfecto para desconectar sin irse muy lejos.
Una historia entre viñedos y arquitectura modernista
En la vertiente meridional de la Cordillera Litoral, situada en el corazón del Maresme y a solo 15 minutos de Barcelona, se despliega un entramado urbano que invita a viajar directamente al pasado.
Su monumento más representativo es la iglesia de Sant Feliu, un templo con fachada renacentista levantado sobre una estructura románica anterior.
Como detalle curioso que pocos conocen, el mismísimo Antoni Gaudí pasó largas temporadas aquí y dejó sobre el papel un proyecto para la capilla del Santísimo que jamás llegó a ejecutarse. El boceto original sigue guardado bajo llave en el archivo parroquial.
Caminar por sus calles es tropezar constantemente con joyas arquitectónicas. Desde la masía de Can Lleonart, del siglo XVII, hasta construcciones de marcado carácter historicista como Can Bertran o la impronta neogótica de Can Llimona.
El secreto mejor guardado del Maresme
Pero si este municipio levanta pasiones entre los buenos gourmets, es por su innegable vinculación al mundo del vino. El territorio presume de contar con su propia Denominación de Origen, siendo Alella el epicentro indiscutible de esta tradición vinícola que marca el pulso de la comarca.
La emblemática Alella Vinícola, fundada en 1906, se alza como una de las primeras bodegas cooperativas de Cataluña.
Su edificio, una auténtica obra maestra de la arquitectura industrial modernista y noucentista, sigue siendo parada obligatoria para entender por qué este caldo enamoró históricamente a media región.
El tip secreto: Si visitas la zona, no te limites al casco urbano. El Parc de la Serralada Litoral se extiende a lo largo de más de 11.000 hectáreas y esconde restos arqueológicos, dólmenes neolíticos y miradores perfectos para perderse un domingo por la mañana.
Ya sea por seguir los pasos de sus figuras más internacionales, por perderse entre bodegas centenarias o por respirar aire puro a un paso de la gran ciudad, este rincón del Maresme se gana el puesto de visita imprescindible en cualquier ruta viajera que se precie.
¿A qué esperas para planear la escapada?



